Nuestros receptores sensoriales están constantemente procesando información del mundo exterior, pero no es tanto un acto de percibir como un acto de interpretar lo que se registra en nuestra conciencia. Hay un gran diferencia entre sensación y percepción, aunque muchas veces se utilizan están dos palabras de forma intercambiable. Una sensación ocurre cuando los receptores sensoriales detectan estímulos, mientras que la percepción implica la organización, interpretación y experiencia consciente de esas sensaciones. Otra manera de verlo es que una sensación es un proceso fisiológico, mientras que la percepción tiene mas que ver con la psicología. La sensación se trata de detectar un estímulo; la percepción se trata de entenderlo.
Aunque es cierto que nuestras percepciones se construyen a partir de sensaciones, no todas las sensaciones resultan en percepción. Cuando un estímulo no supera un cierto umbral, no esta detectado por el organismo. Esto se llama el umbral absoluto y se refiere a un proceso fisiológico puro. Cuando un estímulo esta detectado por el aparato sensorial, pero no alcanza la conciencia, se llama el umbral de reconocimiento. También existe un fenómeno llamado umbral diferencial, que se refiere a la capacidad de percibir el aumento en un estímulo determinado. Todo esto varía de persona a persona, pero pueden cambiarse mediante una práctica.
A menudo no percibimos estímulos que son constantes durante un largo período, como olores o sonidos que son consistentes en el ambiente. Solo imagina estar dentro de una sala de entrenamiento durante un tiempo, en comparación con entrar en ella desde el aire fresco—la percepción inicial del olor es bastante aguda cuando lo encuentras al ingresar, pero después de un tiempo, el estímulo ya no esta registrado por la conciencia, aunque aún persiste en el ambiente. Este fenómeno se llama habituación, y nos ayuda a funcionar en entornos donde estamos siendo inundados con experiencias e información sensorial.
La atención es el factor principal en cómo percibimos las sensaciones. Imagina estar en una habitación ruidosa y tratando de tener una conversación con alguien. Para hacerlo, tendrías que ignorar activamente todo el ruido ambiental y concentrar toda tu atención en la persona que habla. Si alguien te interrumpiera en ese momento y te preguntara qué canción estaba sonando, probablemente no podrías dar una respuesta.
También podemos decir que la sensación es pasiva, y la percepción es activa. Sentir un estímulo es automático; los órganos sensoriales como los ojos o los oídos responden mecánicamente a las ondas de luz y sonido sin ningún esfuerzo consciente. De hecho, sería imposible detener este proceso a menos que el órgano mismo esté dañado de alguna manera. La sensación es un estado de recopilación de datos, en el que la información simplemente esta recibida del entorno. Solo involucra un procesamiento ascendente. La percepción, por otro lado, requiere que el cerebro interprete, organice y entienda los datos que recibe. Utiliza tanto el procesamiento ascendente como descendente, lo que significa que, aunque depende de la información sensorial, también requiere recursos como la memoria, el enfoque, la comprensión contextual e incluso la imaginación para dar sentido al contenido entrante. Ninguno de estos procesos por sí solo puede explicar de manera integral el proceso de la percepción; necesitamos todos para que el proceso ocurra.
Cuando tu cerebro está interpretando información de la entrada sensorial, la está comparando con experiencias previas. Está impulsado por la memoria: tus expectativas y referencias determinan lo que percibes. Diferentes personas responderán de manera muy diferente al mismo estímulo según sus experiencias pasadas. Todos estamos familiarizados con los cinco sentidos primarios: vista, oído, tacto, gusto y olfato. Sin embargo, los humanos poseen otras formas de percepción más allá de la evaluación directa de estímulos mecánicos, que son una combinación de varios, si no todos, los sentidos:
• propriocepción: el sentido de la posición corporal y el movimiento en el espacio
• percepción vestibular: equilibrio, detectado a partir del movimiento y orientación de la cabeza
• interocepción: percepción de las sensaciones dentro del cuerpo, como hambre, sed, etc.
• termocepción: detección de cambios en la temperatura del cuerpo y del ambiente
• nocicepción: percepción del dolor, daño en los tejidos y malestar asociado
• percepción del tiempo: sentido subjetivo del paso del tiempo
• percepción social: interpretación de los señales sociales, emociones de los demás e intenciones
• percepción simbólica: la capacidad de interpretar el lenguaje y patrones abstractos de pensamiento
Lo crucial a reconocer en relación al proceso de la percepción es que ¡LOS PROCESOS COGNITIVOS SON INSEPARABLES DEL CUERPO! Aunque la sensación es una acción pasiva que ocurre automáticamente, está guiada y activada por las estructuras fisiológicas en el cuerpo y está estrechamente interrelacionada con el movimiento. Cuando miras un objeto, aunque puedas sentir que lo estás observando pasivamente, hay una multitud de pequeños movimientos que ocurren en el ojo para proporcionar una imagen completa de lo que se ve. Hay un movimiento ocular llamado sacádico; durante cada ciclo sacádico, los ojos se mueven tan rápido como pueden, y la velocidad no puede ser controlada conscientemente entre las fijaciones. Este movimiento se utiliza para escanear la escena visual y obtener una imagen de mayor resolución. Cuando el oído procesa las ondas sonoras, también ocurre en forma de movimiento: las estructuras de la cóclea vibran en respuesta al sonido con un patrón vibratorio específico. Este patrón permite que las células ciliadas internas y sus conexiones con el nervio auditivo envíen señales al tronco encefálico y al cerebro sobre la vibración del sonido y el contenido de frecuencia.
Cuando la información de los receptores sensoriales llega al cerebro, diferentes capas de esta deben ser procesadas en vías paralelas. Por ejemplo, el patrón de luz que entra por el ojo proporciona información sobre la forma, profundidad, movimiento y color de un objeto. Todas estas categorías deben ser analizadas e integradas por diferentes regiones del Sistema Nervioso Central, lo que nos permite reconocer objetos, entender su ubicación, seguir su movimiento y percibir su color todo al mismo tiempo, creando una percepción unificada de lo que se está viendo.
Aunque la percepción se construye a partir de información sensorial, muchas de las señales detectadas a través de los canales sensoriales en el cuerpo nunca se perciben activamente debido al umbral sensorial mencionado anteriormente. El cerebro simplemente no destaca su presencia. Los científicos Weber y Fechner formularon una ley que describe la relación entre el estímulo y su percepción de la siguiente manera: la percepción de un cambio en el estímulo es proporcional al cambio relativo en la intensidad del mismo estimulo más que al cambio absoluto. En otras palabras, percibimos el cambio porcentual, no el cambio de cantidad, en relación con cualquier estímulo dado del mismo tipo. Esta es una noción esencial en la percepción porque ilustra cómo incluso los estímulos fuertes pueden ser completamente ignorados por el sistema si ya está sobrecargado. Por ejemplo, si enciendes una linterna en una calle soleada, no notarás ninguna diferencia porque ya hay luz significativa en el ambiente. Encender la misma linterna en una habitación oscura tendrá un resultado muy diferente. Esto también es la razón por la que, cuando experimentamos dolor intenso, se vuelve desafiante sentir el cuerpo: la nocicepción ocupa las vías sensoriales, afectando la calidad del movimiento. Otros factores que bloquean la percepción de capas sutiles de experiencia en el cuerpo son la tensión y los estados emocionales intensos.
La percepción es el resultado del proceso fisiológico de recibir información sensorial e interpretarla a través del lente de nuestras experiencias y condicionamiento. Este proceso está estrechamente vinculado a nuestras memorias, y las estructuras fisiológicas en el cerebro involucradas en ambos están entrelazadas. La percepción ayuda a codificar experiencias sensoriales en la memoria, y la memoria, a su vez, moldea cómo percibimos el mundo agregando contexto, expectativas y significado. De hecho, la percepción es la etapa inicial en la formación de recuerdos, ya que convierte la entrada sensorial en representaciones mentales. Por ejemplo, cuando vemos una nueva cara, la percepción visual escanea sus características, que luego se almacenan en la memoria para su posterior reconocimiento. A lo que prestamos atención determina qué información sensorial se codifica en la memoria, por lo que la sensación pasiva que no ha sido procesada activamente por el cerebro no tendrá la misma relación con la memoria. Los recuerdos que tenemos, a su vez, afectan cómo percibimos las cosas; proporcionan contexto para interpretar la información sensorial, influyendo en lo que vemos o escuchamos. Esto hace que la percepción sea más rápida por un lado, pero también puede crear asociaciones por el otro, lo que a veces puede ser problemático. Un conjunto perceptual es una tendencia a percibir las cosas de una cierta manera basada en el conocimiento previo o las expectativas. Ninguna dos personas percibirán las cosas de manera idéntica, incluso si están mirando la misma imagen, escuchando los mismos sonidos o sintiendo el mismo toque. Las experiencias previas colorean y definen si ciertas sensaciones son reconocidas como agradables o no y qué emociones desencadenarán.
La percepción, a diferencia de la sensación, puede ser un proceso activo y dirigido. Al decidir qué información sensorial prestar atención, podemos mejorar nuestra capacidad de diferenciar entre varias entradas. Muchos grandes ejemplos ilustran esto: los músicos, a través del entrenamiento, aprenden a reconocer diferencias muy sutiles en el tono que otros no pueden detectar, y los sommeliers pueden percibir notas refinadas en el sabor del vino que otros sin el mismo entrenamiento no pueden. Nuestra capacidad de interpretar la información sensorial y dividirla está estrechamente vinculada a nuestra capacidad de aprender. Cuanto mejor podemos discriminar la información sensorial, mejor será nuestra precisión perceptual, y, como he mencionado antes, todo el aprendizaje comienza con la percepción. Cuando sentimos un estímulo en el ambiente y lo destacamos con nuestra atención, nuestro cerebro forma una plantilla mental y fortalece vías neuronales específicas, facilitando el reconocimiento en el futuro. Esto nos ayuda a dividir experiencias para el aprendizaje posterior, pero también puede crear un cierto sesgo, especialmente para experiencias que tuvieron un tono emocional fuerte. Cualquier nuevo estímulo percibido que active la memoria asociada con él estará influenciado por la emoción experimentada en la primera instancia, lo que afectará cómo se percibe el nuevo estímulo. Estos procesos pueden ser disociados y trabajados a través de la práctica deliberada de observar y detectar la conexión entre un estímulo y la reacción ante él.
Un principio de las posibilidades de acción,(en ingles “principle of affordances”), introducido por el psicólogo James Gibson, enfatiza la naturaleza activa de la percepción. Sugiere que la percepción está dirigida a metas, buscando constantemente oportunidades de acción. Según esta idea, cuando encontramos objetos en nuestro entorno, inmediatamente reconocemos oportunidades para actuar sobre ellos. Este reconocimiento también está estrechamente relacionado con nuestras memorias, experiencias previas y, sobretodo, metas. Por ejemplo, ver escaleras sugiere la posibilidad de subir, una perilla de puerta invita a girar o tirar, y una silla ofrece un lugar para sentarse. Cuando interactuamos activamente con el entorno y ganamos experiencia, creamos una comprensión más refinada y amplia de las posibilidades. Un practicante de parkour, por ejemplo, vería el entorno urbano de una manera mucho más sofisticada que alguien sin tal referencia. Podemos expandir nuestra comprensión de las posibilidades al involucrarnos activamente con el entorno y dirigir nuestra atención hacia la percepción del potencial dentro de él.
En resumen, la percepción no es una experiencia pasiva; es una habilidad que involucra nuestros mecanismos fisiológicos, psicológicos y sensoriales trabajando en conjunto. Está profundamente entrelazada con los movimientos del cuerpo y las estructuras fisiológicas que los impulsan, y puede ser dirigida y mejorada. Así como nuestros cuerpos pueden entrenarse para moverse con agilidad, nuestra percepción puede ser refinada para interpretar y responder al mundo de manera más efectiva. A través de la práctica deliberada, podemos agudizar nuestra conciencia, mejorar la sensibilidad de nuestras percepciones y reconocer mejor las sutilezas en nuestro entorno. Esta expansión de las habilidades perceptivas abre nuevas posibilidades para el crecimiento personal, permitiéndonos interactuar más plenamente con nuestro entorno y con nosotros mismos. Comprender la percepción no solo amplía nuestra experiencia sensorial, sino que también sienta una base fundamental para la maestría en cualquier campo que dependa de una conciencia y capacidad de respuesta afinadas.